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Los accidentes pasan...


“Soy humano y cometo errores”, es una respuesta normal entre muchos de nosotros, que damos por sentado que somos imperfectos y por tanto vamos a equivocarnos, lo cual suena para mi gusto ilógico, pero sería entrar en rollos filosóficos interesantes pero fuera de contexto para el tema de hoy.

Les voy a contar una experiencia que no fue para mí algo de lo que pueda enorgullecerme, por el contrario es vergonzosa. Resulta que como muchos otros bebés en el mundo mi hijo usa baberos, para evitar manchar su ropa o mojarse el pecho y enfermarse, el caso es que hay diferentes tipos de babero, los clásicos con lazos que se amarran en la nuca para sostenerlos del cuello del bebé, los que solo se meten por la cabeza, los que se pegan con velcro y los que tienen broches de botón. Mi hijo tiene de toda la variedad, pero precisamente el día que me tocaba ponerle uno de broche metálico y al ponérselo le pellizque el cuello y lo hice no llorar, berrear.

Al sentir el dolor se dobló hacia adelante y comenzó a trabarse mi esposa se dio cuenta y lo liberó del broche y lo cargo para consolarlo, el niño, obviamente, lloró bastante, yo me tuve que dar vuelta y taparme los ojos de la impresión, muchos al leer esta parte estarán pensado: “que bruto” “que bárbaro” ”que pen…” en fin y acepto todas las críticas, pero en mi defensa solo diré que fue un accidente porque estaba haciendo algo habitual, algo que se vuelve mecánico y que a veces lo haces sin mayores consecuencias y sin pensarlo, el problema fue que el niño se movió y que no acomodé bien el babero para abrocharlo de forma segura.

Puedo decirles que sentí que mi alma se caía al infierno, que se me salía el corazón y al verlo llorar tenía muchas ganas de azotar mi cabeza contra la pared hasta hacerme una zanja y meter una tarjeta que dijera lo muy idiota que era, en otras palabras, lastimar al niño jamás será la intención de un buen padre, lo digo en circunstancias normales y regulares, porque hay casos en que hay desgraciados con toda la intención de lastimar a sus hijos, pero en este caso un buen padre o una buena madre JAMÁS intentara voluntariamente lastimar y dañar a sus bebés.

El sentimiento de fallo es muy desagradable, sé que no lo hice a propósito, sé que no pasó a mayores, sé que el niño estará bien, pero en tu interior quieres pegarte un balazo. 
Es increíble la magnitud del vínculo de protección que generas con tus hijos que hasta a ti mismo te patearías por hacerles daño, creo que esa es la mejor forma de expresarlo que encuentro, brindarles seguridad es imprescindible para un papá, ver que tu hijo esté sano, que crezca seguro es la mejor señal de que estás haciendo las cosas bien, por lo menos es lo que yo veo y ahora entiendo más aquellas imágenes que regresan a mi memoria de las figuras de padres abrazando a sus hijos conservadas para la eternidad de personas que murieron abrasadas por el Monte Vesubio en Italia, aun bajo esas mortales circunstancias nos muestran que dieron su vida en pos de proteger a sus pequeños.

Ese valor que tenemos implícito de proteger a nuestros hijos, siento, es el que nos mueve y nos impulsa a darles lo mejor y a pelear por sobresalir y brindarles una mejor perspectiva y un mejor futuro.

Como consejo puedo decir que no faltaran errores en tu etapa de padre, donde sin querer dañes al pequeño, sin querer lo hieras, estos son accidentes como cortarse con papel, machucarse los dedos, quemarse con la estufa, golpearse con la esquina de la cama, pisar a otra persona, pegarse en la cabeza al salir del auto, etc. Las cosas pasan, pero como en otras muchas entradas tengo que repetir que la comunicación es básica para que tu bebé sepa que no lo haces de manera consiente o a propósito, esto conserva la CONFIANZA de tu hijo sobre ti y te ayuda a que el vínculo entre ustedes se afiance.

Por ello se vale pedir perdón, dar besos a tus hijos y sobarles el golpe, pellizco, machucada o lo que sea que sin querer les hayas causado, ¿quién no se acuerda que los besos de mamá lo curan todo?

Nos leemos pronto.

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